Marisco y limón: ¿la combinación perfecta?

El marisco es un delicioso manjar al que muy pocos se pueden resistir, pero del que en ocasiones conocemos muy poco.

Hay infinitas teorías, entre las que se encuentran la añeja costumbre de rociar limón sobre el pescado porque, decía la leyenda, el zumo de este cítrico era capaz de disolver las espinas que se clavaban en la garganta. Y se extendió esta práctica al resto de productos del mar.

También es muy popular la idea de que, como los ácidos del limón ayudan a eliminar un gran porcentaje de las bacterias de las ostras, se amplió la costumbre y, las pobres gambas, mejillones o almejas, sufrieron los daños colaterales.

Sin embargo, y lamentablemente, lo cierto es que en muchas ocasiones se le ponía limón a los platos de marisco para camuflar productos que no son del día y que ya comienzan a desprender un olor desagradable. Las proteínas de pescados y mariscos, cuando se descomponen,  emiten un olor profundo a rancio que, no obstante, se elimina con limón, vinagre o tomate impidiendo que la peste llegue a nuestras fosas nasales.

Pese a la práctica habitual de muchas casas, que casi siempre se debe a una tradición familiar heredada que nunca nadie ha puesto en duda, trabajadores del mar reniegan por completo de esta costumbre. Además, afirman que el limón lo único que hace es darle sabor al marisco malo. Al nuestro, al gallego, no le ayuda en nada. Al contrario. Ya tiene sabor por sí mismo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>