El queso gallego: queso tetilla

Sin lugar a dudas cuando hablamos del queso tetilla gallego hacemos referencia a uno de los productos gastronómico gallegos más reconocidos a nivel nacional, así como internacional. Todos aquellos que hemos visitado las tierras gallegas en alguna ocasión, hemos vuelto a nuestros hogares con un delicioso queso tetilla bajo los brazos.  En los siguientes párrafos haremos un resumen de su elaboración, su sabor y algunos datos curiosos sobre este extraordinario producto de la cocina gallega.

El queso tetilla procede de leche de vacas gallegas de distintas razas como frisona, pardo alpina o rubia gallega. Para su elaboración, la leche se vierte en cubas a temperatura controlada de entre 28 a 32 grados centígrados donde se les añadirá los fermentos lácticos y el cuajo de origen animal para el proceso de coagulación del queso.

Tras darle la forma cónica tan característica en unos moldes especiales, se deja que el queso madure en un baño de salmuera durante unos siete días para que después pase los procesos de calidad necesarias para su venta.

Este proceso da como resultado un queso de corteza lisa y fona de color amarillo pajizo. Un queso cremoso, natural, ligeramente salado y suave ideal para maridar con vinos blancos o tintos jóvenes y afrutados.

Como dato curioso, todos hemos leído o escuchado llamar a este queso con la preposición “de” delante de tetilla. Sin embargo, la forma correcta es queso tetilla, pues el nombre le vine por la forma de elaboración del queso, y no por una zona geográfica, como si ocurre con otros famosos quesos como el de Arzúa-Ullóa, del que hablamos en el anterior artículo.

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